Si nos preguntamos sobre el marco por el que transcurre nuestra vida, podríamos convenir que, para obtener una explicación de nuestro mundo, debemos referirnos tanto a su realidad temporal como a su realidad espacial. Es decir, tanto a la categoría que se desarrolla entre un comienzo y un final –y que está sometida a una mutación constante– como a aquella donde todo sucede porque todo lo abarca y donde todo tiene lugar. En consecuencia, junto a la posibilidad de entender nuestra vida como lo que somos entre el nacimiento y la muerte, también es posible acercarse a ella de modo fragmentario y sobre los cimientos de los espacios por los que se desarrolla y evoluciona.
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Obviando que la linealidad de nuestra existencia depende de los dictados de un azar que, por mucho que nos apliquemos, nunca logramos dominar por completo, hemos establecido el punto de partida de nuestro proyecto basándonos en los lugares por los que transcurre. Es decir, en los espacios que nos pueden definir en función del uso que hacemos de ellos.

En el desarrollo de esta aventura, Georges Perec –conocido, entre otras cosas, por su tendencia obsesiva a listar lo que pasa cuando no pasa nada o lo que se nota y que nunca anotamos– se perfila a nuestro juicio como el guía más adecuado. Así, además de ser el autor del libro que da título a la exposición, Perec nos proporciona la pista de los espacios a los que queremos acceder, al margen de cualquier voluntad enciclopédica y abriendo interrogantes en torno a los significados que pudieran tener para cada uno de nosotros.

Concebida a la manera de un edificio fragmentado espacialmente según la tipología que Perec establece en su libro Especies de espacios, la exposición reúne una selección de obras escogidas por su capacidad de remitir a las áreas en las que actuamos, somos, nos movemos, pensamos y vivimos. Es decir, a unos espacios que, vistos a través de los ojos de un artista, nos aproximan al significado que pudieran tener para nosotros a través de producciones específicas, de obras pertenecientes a la Colección u otras que, por razones de diversa índole, se nos antojan como el contrapunto ideal para forzar a la imaginación a buscar lo que mejor defina el modo en que los usamos.

Más que una exposición de tesis, archivo o documentación, nuestra propuesta para Especies de espacios se debe entender como una interpretación libre de un libro en su deriva por algunos de los recovecos del espacio público y privado, la intimidad y la vida social, lo que somos y lo que ven de nosotros. En suma, como la deriva de la existencia humana, desde el espacio mínimo y acotado de una página hasta la imposibilidad de poner límites a una idea de espacio en general.