Artículos en prensa

Atmósfera preservada

El otro día volví a sentar- me a la mesa en el restau- rante Estevet. Hacía un montón de años que no iba: desde que la etapa de Jordi Suñé había caído en una decadencia insoportable. Me encantó comprobar que casi todo el perfil y el aroma ambiental permane- cían: hoy es una hazaña. Me asaltó una catarata de recuerdos: las pinturas aportadas en pago por la cuadrilla que arracimaba
el marchante Xifré Morros, la voz metálica y achulada del camarero Manolo, el cartel de la Chunga que había portado Paco Rebés; y la mesa del fondo, en la que se apretujaban los asiduos Maspons, Català-Roca, Corberó, Chichu Regàs, Marcel Bergés, Xavier Carles Toldrà, Bechtold, Ismael Balañà, Miserachs, Marc Aleu, Gardy Artigas, amén de las exóticas modelos extranjeras que descubría el envidiado Maspons.
Algunos de los mentados aparecen inmortalizados en unas caricaturas esquemáti- cas que trazó mi padre y que aún cuelgan enmarca- das. Incontables veces acompañé al muy querido pintor Clavé: había vivido su infancia en un piso veci- no. En fin, más limpio y adecentado, pero casi todo permanece en su sitio, al igual que lo descubrí hacia 1957. Una delicia gracias a la mano sensible de Pepe, bisnieto de Casa Agustí.

Fuente: La Vanguardia. Lluís Permanyer. Jueves, 14 de Febrero de 2013

David de Jorge

ETB_Robin-Food_David-de-Jorge_2Es un alivio que aún queden tantas casas de comidas y que en esta todo sea auténtico. Desde las mesas o las banquetas, hasta los manteles a cuadros. Este castizo local, frecuentado por las gentes del mundo de la cultura, el espectáculo y la farándula, destila el ambiente bohemio tan característico de la Ciutat Vella y de los tipos que conspiraron por allí, como Manolo Vázquez Montalbán o Terenci Moix; además de quienes representaron la esencia de la Barcelona de los años 60 y 70, que encontraron en esta tasca una sabrosa cocina burguesa y también obrera, servida sin complejos.
Los años de la degradación del barrio y la modernización de la ciudad fueron los de su olvido, según cuentan. Así las dificultades obligaron a mudar de pellejo. Convertido en restorán del montón, lavado, sin encanto, en el que se sentaban los empleados de las oficinas cercanas, que zampaban allí su rancho con un ticket de empresa, apurando café, copa y Faria.
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EconomíaDigital

Ca l’Estevet, un clásico.
Se trata de un local de los más típicos de Barcelona, con mucha historia de gente del mundo de la cultura, del espectáculo, de las artes en general. Por proximidad y por el ambiente de vida bohemia de Ciutat Vella, y de las gentes que vivieron y nacieron allí, como Manuel Vázquez Montalbán, los hermanos Moix, Maruja Torres, además de todos los que han cultivado las esencias de lo que podríamos considerar la Barcelona más auténtica de las décadas de los sesenta y los setenta, Ca l’Estevet ha representado durante muchos años la cocina clásica de la ciudad.

Decorado con la típica cerámica de representación de oficios y con las paredes adornadas de cuadros y litografías, este pequeño establecimiento ha dado de comer, y sobre todo de cenar, a generaciones de aquellos elementos que hacían de la mesa la excusa para vivir momentos agradables entorno a la creación y la conspiración. Los años de degradación de Ciutat Vella y de “modernización” de Barcelona fueron los de su olvido. Las dificultades le obligaron a transformarse en un restaurante de menú, de ticket, donde acudían los empleados de La Vanguardia, que durante años acudieron allí con el vale de empresa y que cambiaban como podían por los excelentes platos que aun y con dificultades mantenía en su carta.
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