{"id":4165,"date":"2016-04-20T20:22:22","date_gmt":"2016-04-20T18:22:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.restaurantestevet.com\/?p=4165"},"modified":"2016-04-20T20:22:22","modified_gmt":"2016-04-20T18:22:22","slug":"asnt-jo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.restaurantestevet.com\/en\/asnt-jo\/","title":{"rendered":"De lo que le sucedi\u00f3 a don Quijote en la entrada de Barcelona&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><strong>&#8230;con otras cosas que tienen m\u00e1s de lo verdadero que de lo discreto.<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_4164\" style=\"width: 1073px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-4164\" class=\"size-full wp-image-4164\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.restaurantestevet.com\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/miguel-cervantes-1460995340816.jpg?resize=1063%2C791&#038;ssl=1\" alt=\"CERVANTES BARCELONA\" width=\"1063\" height=\"791\" \/><p id=\"caption-attachment-4164\" class=\"wp-caption-text\">CERVANTES BARCELONA<\/p><\/div>\n<p>Tres d\u00edas y tres noches estuvo don Quijote con Roque, y si estuviera trecientos a\u00f1os, no le faltara qu\u00e9 mirar y admirar en el modo de su vida: aqu\u00ed amanec\u00edan, acull\u00e1 com\u00edan; unas veces hu\u00edan, sin saber de qui\u00e9n, y otras esperaban, sin saber a qui\u00e9n; dorm\u00edan en pie, interrompiendo el sue\u00f1o, mud\u00e1ndose de un lugar a otro. Todo era poner esp\u00edas, escuchar centinelas, soplar las cuerdas de los arcabuces, aunque tra\u00edan pocos, porque todos se serv\u00edan de pedre\u00f1ales. Roque pasaba las noches apartado de los suyos, en partes y lugares donde ellos no pudiesen saber d\u00f3nde estaba, porque los muchos bandos que el visorrey de Barcelona hab\u00eda echado sobre su vida le tra\u00edan inquieto y temeroso, y no se osaba fiar de ninguno, temiendo que los mismos suyos o le hab\u00edan de matar o entregar a la justicia. Vida, por cierto, miserable y enfadosa.<\/p>\n<p>En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron a su playa la v\u00edspera de San Juan, en la noche, y abrazando Roque a don Quijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hasta entonces no se los hab\u00eda dado, los dej\u00f3, con mil ofrecimientos que de la una a la otra parte se hicieron.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3se Roque, qued\u00f3se don Quijote esperando el d\u00eda, as\u00ed a caballo como estaba, y no tard\u00f3 mucho cuando comenz\u00f3 a descubrirse por los balcones del oriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el o\u00eddo: aunque al mesmo instante alegraron tambi\u00e9n el o\u00eddo el son de muchas chirim\u00edas y atabales, ruido de cascabeles, \u00ab\u00a1trapa, trapa, aparta, aparta!\u00bb de corredores\u00a0que, al parecer, de la ciudad sal\u00edan. Dio lugar la aurora al sol, que, un rostro\u00a0mayor que el de una rodela, por el m\u00e1s bajo horizonte poco a poco se iba levantando.<\/p>\n<p>Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; pareci\u00f3les espacios\u00edsimo y largo, harto m\u00e1s que las lagunas de Ruidera que en la Mancha hab\u00edan visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de fl\u00e1mulas y gallardetes\u00a0que tremolaban al viento y besaban y barr\u00edan el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirim\u00edas, que cerca y lejos llenaban\u00a0el aire de suaves y belicosos acentos. Comenzaron a moverse y a hacer\u00a0un modo de escaramuza\u00a0por las sosegadas aguas, correspondi\u00e9ndoles casi al mismo modo infinitos caballeros que de la ciudad sobre hermosos caballos y con vistosas libreas sal\u00edan. Los soldados de las galeras disparaban infinita artiller\u00eda, a quien respond\u00edan los que estaban en las murallas y fuertes de la ciudad, y la artiller\u00eda\u00a0gruesa con espantoso estruendo romp\u00eda los vientos, a quien respond\u00edan los ca\u00f1ones de cruj\u00eda de las galeras. El mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro, solo tal vez turbio del humo de la artiller\u00eda, parece que iba infundiendo y engendrando gusto s\u00fabito en todas las gentes. No pod\u00eda imaginar Sancho c\u00f3mo pudiesen tener tantos pies\u00a0aquellos bultos que por el mar se mov\u00edan. En esto llegaron corriendo, con grita, lilil\u00edes y algazara, los de las libreas adonde don Quijote suspenso y at\u00f3nito estaba, y uno dellos, que era el avisado de Roque<sup>,\u00a0<\/sup>, dijo en alta voz a don Quijote:<\/p>\n<p>\u2014Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella\u00a0y el norte de toda la caballer\u00eda andante, donde m\u00e1s largamente se contiene; bien sea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no el ficticio, no el ap\u00f3crifo que en falsas historias estos d\u00edas nos han mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describi\u00f3 Cide Hamete\u00a0Benengeli, flor de los historiadores.<\/p>\n<p>No respondi\u00f3 don Quijote palabra, ni los caballeros esperaron a que la respondiese, sino, volvi\u00e9ndose y revolvi\u00e9ndose con los dem\u00e1s que los segu\u00edan, comenzaron a hacer un revuelto caracol alderredor de don Quijote, el cual, volvi\u00e9ndose a Sancho, dijo:<\/p>\n<p>\u2014Estos bien nos han conocido: yo apostar\u00e9 que han le\u00eddo nuestra historia, y aun la del aragon\u00e9s reci\u00e9n impresa.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 otra\u00a0vez el caballero que habl\u00f3 a don Quijote y d\u00edjole:<\/p>\n<p>\u2014Vuesa merced, se\u00f1or don Quijote, se venga con nosotros, que todos somos sus servidores y grandes amigos de Roque Guinart.<\/p>\n<p>A lo que don Quijote respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Si cortes\u00edas engendran cortes\u00edas, la vuestra, se\u00f1or caballero, es hija o parienta muy cercana de las del gran Roque. Llevadme do quisi\u00e9redes, que yo no tendr\u00e9 otra voluntad que la vuestra, y m\u00e1s si la quer\u00e9is\u00a0ocupar en vuestro servicio.<\/p>\n<p>Con palabras no menos comedidas que estas le respondi\u00f3 el caballero, y encerr\u00e1ndole todos en medio, al son de las chirim\u00edas y de los atabales, se encaminaron con \u00e9l a la ciudad; al entrar de la cual, el malo que todo lo malo ordena, y los muchachos que son m\u00e1s malos que el malo, dos dellos traviesos y atrevidos se entraron por toda la gente y, alzando el uno de la cola\u00a0del rucio y el otro la de Rocinante, les pusieron y encajaron sendos manojos de aliagas. Sintieron los pobres animales las nuevas espuelas y, apretando las colas, aumentaron su disgusto de manera que, dando mil corcovos, dieron con sus due\u00f1os en tierra. Don Quijote, corrido y afrentado, acudi\u00f3 a quitar el plumaje de la cola de su matalote, y Sancho, el de su rucio. Quisieran los que guiaban a don Quijote castigar el atrevimiento de los muchachos, y no fue posible, porque se encerraron entre m\u00e1s de otros mil que los segu\u00edan.<\/p>\n<p>Volvieron a subir don Quijote y Sancho; con\u00a0el mismo aplauso y m\u00fasica llegaron a la casa de su gu\u00eda, que era grande y principal, en fin como de caballero rico, donde ledejaremos por agora, porque as\u00ed lo quiere Cide Hamete.<\/p>\n<p><a href=\"safari-reader:\/\/cvc.cervantes.es\/literatura\/clasicos\/quijote\/edicion\/parte2\/cap61\/nota_cap_61.htm\">Lectura comentada (Mart\u00edn de Riquer)<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;con otras cosas que tienen m\u00e1s de lo verdadero que de lo discreto. 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