Historia

Una historia interminable…
… desde 1890

Este establecimiento está presente y es testigo de la movida barcelonesa desde finales del siglo XIX. Fundado como Fonda Navarro, primero como pura bodega, luego como casa de comidas.
En 1940 el local cambia de manos y pasa a denominarse Ca L’Estevet, no obstante, también era conocido como “La Mariona”, hija del propietario que atendía en un principio a la variopinta clientela con desparpajo y gracia memorables.
Ca L’Estevet consta en la historia de la ciudad como aglutinador de determinados núcleos de la sociedad barcelonesa, que tuvo su gran momento a partir de la formación y desarrollo de la inefable “gauche divine”.
Estevet-Restaurant-Historia
La mesa del fondo del restaurant, auténtico “privado” que solía tomarse al asalto o bajo consigna, fue lanzado a la fama por Alberto Oliveras, Català Roca, Marc Aleu y otros, noctámbulos significados, entonces.
De día el alma de la misma fue Xavier Corberó, puntal de la actividad social y artística que tenia la mesa del fondo de Ca L’Estevet su punto de referencia.
La mesa, según se han sucedido las modas y los tiempos, ha sido ocupada po la trouppe de La Chunga, Analia Gadé o Vicente Parra, e incluso por la peña que acudía puntualmente a presenciar los combates de boxeo en el desaparecido “Price”. Alberto Puig Palau, Gades, Serrat, Ibáñez Serrador y tantos otros forjaron algún que otro proyecto sentados a la mesa.
La redacción de La Vanguardia copaba su aforo al mediodía, y hoy son los dos centros culturales de referencia, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) y el Centro de Cultura Contemporanea de Barcelona (CCCB), así como de las Universidades colindantes, mientras que de noche se mantiene como uno de los más tradicionales puntos de encuentro.

… El Raval.

Antes del siglo XIV el barrio del Raval era solo un campo abierto con tierras cultivadas que abarcaban la ciudad de Barcelona. En la Barcelona romana había caminos vecinales que dibujaron el contorno que el barrio tuvo más adelante.

Estevet-Historia-RavalEl monasterio de Sant Pau del Camp fue el primer núcleo importante del Raval, anterior al siglo X, en torno al cual hubo una pequeña villa medieval vinculada al monasterio. El crecimiento de Barcelona configuró al Raval en el espacio que toma forma de diamante entre el segundo cinturón de murallas (Jaume I el año 1268, la Rambla) y el tercero y último cinturón (Pedro el Ceremonioso, 1348, las rondas y la avenida del Paral·lel).

El Raval estaba situado en los márgenes de los caminos principales: el Portal de los Tallers, por donde los campesinos entraban las mercancías que suministraban Barcelona; el Portal de Sant Antoni, el acceso más importante de la ciudad, y la Puerta de Santa Madrona, al lado de Drassanes, la única que queda en pie.

La ciudad de Barcelona se encontraba ahogada por las murallas de Jaume I; Pere el Cerimoniós decidió levantar el tercer cinturón amurallado. Había que asegurar las expectativas de crecimiento urbano. Existía la tendencia general de muchas ciudades de la época de rodear dentro de las murallas la extensión de terreno suficiente para prever la subsistencia de los habitantes en tiempo de guerras y asedios. Otro motivo era localizar fuera del núcleo urbano los establecimientos, servicios y actividades más molestos o poco recomendables. Pero todas las expectativas de crecimiento de la ciudad fracasaron. A finales del siglo XIV y principios del XV, a causa de las dificultades económicas (el comercio marítimo se desplazaba hacia el Atlántico), políticas (Barcelona se arruinó debido a la guerra contra Juan II) y sociales (bajón demográfico por pestes y epidemias) paralizaron el crecimiento del Raval, que quedó como zona de actividad básicamente agrícola.

Entre el siglo XV y la desamortización de Mendizábal en el año 1837, el Raval se convirtió en “tierra de conventos”. La gran cantidad de suelo edificable dio pie a la instalación de órdenes religiosas en el marco de la Contrarreforma impulsada por el Concilio de Trento (1543-1563).

A principios del siglo XVIII, las industrias empezaron a instalarse en medio de huertos, conventos y casas gremiales. La prohibición del año 1718 de importar tejidos estampados favoreció la aparición de la industria manufacturera. Entre 1770 y 1840 se produjo la industrialización definitiva del barrio del Raval. A partir de la segunda mitad de 1700 empezaron a aparecer nuevas calles con fábricas y viviendas para los trabajadores. Desaparecieron las casas gremiales o se subdividieron en muchas viviendas de alquiler para acoger a los numerosos campesinos que huían del hambre del campo (crisis agrícola de 1765-1766). Los trabajadores de las fábricas se quedaron a vivir en el Raval., cerca del trabajo. Este barrio se convirtió en el más denso de Europa y se aprovechó hasta el último metro cuadrado edificable. Entre los años 1783 y 1785, se instaló la industria Erasme Gònima y se levantó la mayor fábrica de tejidos, hilados y estampados de su tiempo.

Las jornadas de los obreros eran de doce horas (desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche). En el año 1829, según el Padrón de Fabricantes, en el Raval había 74 fabricantes textiles, 2.443 telares y 657 máquinas de hilar. Destacaba la fábrica Bonaplata, instalada en la calle de los Tallers. Tenía entre 600 y 700 trabajadores y era la primera que se impulsaba con vapor. La culminación de todo este proceso fue la instalación conocida como casa-fábrica, donde coincidían las instalaciones fabriles, la representación institucional y la residencia del fabricante. Este es el caso de la España Industrial en el año 1839 en la calle de la Riereta. El Raval era el único lugar dentro de las murallas donde se podían edificar construcciones grandes, ya que era poco atractivo hacerlo en el exterior a causa de la inestabilidad política (Carlismo y bandolerismo). Además, estaba cerca de la salida natural de Barcelona como ciudad portuaria.

El mantenimiento de unos sueldos bajos, unas largas jornadas laborales, el cierre de las fábricas como demostración de fuerza de los fabricantes, la supresión de la sopa de caridad y la persecución de las asociaciones obreras hicieron que el 2 de julio de 1855 estallara una huelga bajo la consigna general del derecho de asociación y la jornada laboral de diez horas. Las revueltas obreras contra las mecanizaciones modernas y diversas epidemias de cólera llevaron a tomar la decisión de derribar las murallas en el año 1859 y permitir así la expansión urbana e industrial fuera de un núcleo urbano insalubre y fácilmente controlable por un movimiento obrero que empezaba a organizarse. El éxodo empresarial hacia la planura de Barcelona empezó a principios de los años sesenta. Una larga lista de fabricantes salían del barrio siguiendo las teorías higienistas de Ildefons Cerdà . En el nuevo modelo de ciudad, el Raval ocupó una situación periférica como barrio residencial obrero. A principios del siglo XX continuó teniendo una composición social eminentemente obrera. Los movimientos de los barrio alcanzaron una importancia que rebasó sus fronteras. En 1870 se celebró el Primer Congreso Obrero Español; el año 1871 el principal sindicato catalán de la época, el textil, se adhirió a la Primera Internacional, y en 1888, de la calle de los Tallers salió la convocatoria para reunir a todos los delegados del país para fundar la UGT en el mismo barrio.

El Raval se fue convirtiendo cada vez más en un barrio de viviendas para las clases con menos poder adquisitivo, entre las cuales los inmigrantes (exposiciones universales de 1888 y 1929) eran una parte destacada. Esta extracción proletaria jugó un papel importante durante la Semana Trágica (26-31 de julio de 1909), durante la cual el Raval fue uno de los principales escenarios de la quema de conventos y del enfrentamiento con el ejército.

 

 

El hacinamiento humano, una red viaria estrecha y tortuosa, la proximidad del puerto y la dedicación de muchos inmuebles a bares, salas de espectáculos y casas de tolerancia, acabaron configurando una zona en el sur del Raval que hacia el año 1925 el periodista Àngel Marsà bautizó con el nombre de Barrio Chino. Las destrucciones de la guerra y la miseria de la posguerra perjudicaron considerablemente la vida nocturna del barrio, en un proceso que acabó con el decreto de cierre de las casas de prostitución en el año 1956.

Las primeras voces que reclamaron la mejora del barrio surgieron en los años treinta, durante la Segunda República 1931-1936, con las propuestas de los arquitectos del GATCPAC. El plan Macià ofrecía soluciones racionalistas e integradas en los problemas del barrio. Pero fueron las bombas de la Guerra Civil las que hicieron los primeros saneamientos urbanísticos en el sur del Raval (avenida de García Morato, hoy avenida de las Drassanes). Durante los años ochenta del siglo XX, la Administración impulsó una decidida política de reformas y rehabilitación de viviendas, de apertura de espacios y creación de equipamientos para la comunidad, que fue dejando en segundo término el nombre de Barrio Chino para recuperar la denominación histórica del Raval.